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(Discurso de presentación de la guía de
Hoteles y Restaurantes Mondial Assistance 2004, editada
por EL PAÍS-AGUILAR, en el hotel Bauzá, de
Madrid)
El gusto es mío..., y la alegría de Don Cipriano
Martínez. Éste era el chascarrillo que circulaba
por Málaga a principios del siglo XX en referencia
al restaurante La Alegría, cuyo propietario era el
aludido Martínez. Vamos a hablar, pues, de los gustos
y su propiedad en los hoteles españoles.
La elección de este hootel Bauzá como escenario
para la presentación de una nueva edición
de la guía Mondial Assistance no es ninguna casualidad.
El criterio de aunar una exquisita gastronomía y
una concepción utilitaria, minimalista, del espacio
constituye una reivindicación del gusto en una ciudad
como Madrid, atrapada entre la burbuja inmobiliaria y la
estética de zarzuela.
La cadena tiene otros hoteles en Barcelona y un proyecto
en Madrid, todos ellos exponentes del buen gusto. Una singularidad
destacable, por lo atípica, en un país como
España, crecido en el boom inmobiliario, que ha convertido
en hoteleros a los constructores y promotores inmobiliarios.
Es cierto que el diseño, la intención de gustar,
ha mejorado a los hoteles en su escenografía. Impulsado,
sobre todo, por el auge de los hoteles con encanto. Pero
también cada vez más presente en la ciudades
con los hoteles high-tech, los nuevos ensayos temáticos,
los espacios de relax y placer, como los que está
creando un gastrónomo y no hotelero: Ferrán
Adriá. También en las playas empieza a vislumbrarse
un panorama mejor gracias al acoplamiento turístico
del deporte del golf o del minimalismo oriental en ese concepto
pujante que es el Wellness, razón última del
Estado del Bienestar, o lo que comúnmente hemos conocido
como Varia Balnearia.
Pero, ¿es suficiente? O, como ha escrito Miguel Ángel
Bastenier, ¿es España un país de mal
gusto natural? ¿Aquél en el que lo natural
es el mal gusto? Cuenta el periodista que en una ocasión,
hace pocos años, en que asistía a un cóctel
de la embajada de un país occidental, la señora
del primer secretario, mientras contemplaba desde la terraza
de un ático un atardecer madrileño lleno de
guiños de neón y relámpagos incandescentes,
le decía a la señora del embajador: ¡Qué
kitsch es Madrid! No sé si la subjetividad de esa
señora se aproxima a la mía, pero ¿no
es curioso destacar de la forma tan hiperbólica en
que lo estoy haciendo la singularidad de este hotel Bauzá
en el que estamos? ¿Convenís todos conmigo
en que el Bauzá es un oasis de buen gusto entre los
hoteles de Madrid?
No voy a entrar en ahora en la retórica del gusto,
ni en su fisiología, ni en su psicología.
Tampoco es mi cometido definirlo. Pero una aproximación
crítica en el territorio de los hoteles debe tener
siempre como referencia las formas, los volúmenes,
la composición, la proporción, el color, la
luz, los espacios, las secciones, las texturas, los signos,
el estilo, las tendencias, su complejidad y también
sus contradicciones. En síntesis, "utilitas,
firmitas, venustas", la misma razón poética
que utilizó Vitruvio para definir la arquitectura.
Así, no acierto a comprender por qué tienen
clientela hoteles como el recién estrenado Auditórium,
los parques del Pato Donald que son muchos de los hoteles
que actualmente se están construyendo en el sur de
Tenerife, la pretenciosidad palaciega del Port Adriano mallorquín.
Y, el non plus ultra, el horterísima Jurasic Park
creado en Peñíscola: el Marina d'Or, unas
termas de vocación romana que al inversor hotelero
le han salido con pinta de templo egipcio. Eso, en los hoteles
de planta nueva. Las rehabilitaciones pueden incluso dejar
un rastro peor en el ambiente, como ese carácter
repulido de tapicerías ampulosas y metales bruñidos
que hay en el hotel Botánico, en el que acabo de
estar. A veces, la cirugía plástica es lo
kitsch por antonomasia. Y no sólo en la arquitectura
o en la decoración. ¿O acaso no es kitsch
el zumo de polvillo que se sirve hoy como desayuno en la
mayoría de hoteles en España?
¿Por qué no se encargan más hoteles
a nuestros arquitectos más internacionales? ¿Por
qué Rafael Moneo tiene un hotel en Berlín
y nadie se lo ha encargado en España? Al ejemplo
dado por alguna cadena, como Hesperia, que ha encargado
en Barcelona una torre brutalista a Richard Rogers, ¿por
qué otros no extienden esa suprema razón del
arte? Y otra pregunta: ¿llegará Ieoh Ming
Pei a ver enhiesto su edificio en el complejo que se construirá
sobre la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid, al norte
de la capital, o se morirá antes de que la burocracia
consienta su construcción por miedo a las altas torres?
¿Cuándo tendremos en Madrid un hotel como
el Arts de Barcelona, el Grand Hyatt de Shanghai o el Burj
el Arab, en ese país de los gustos cuestionables
como es Dubai?
Esta reflexión viene a cuento por el encargo de EL
PAÍS-AGUILAR, así como por el creciente número
de emails que recibo de viajeros y lectores de todas partes,
exigiendo el desenmascaramiento de esa realidad cuya aceptación
pondría en jaque nuestra propia cultura, nuestra
propia identidad y, desde luego, el acervo de nuestros estetas,
desde Velázquez a Alejandro Zaera. La guía
que tenéis entre las manos responde en cierto modo
a esa necesidad. Si años atrás decíamos
que la selección de hoteles respondía a la
necesidad viajera de hacer un pied-à-terre en cualquier
pueblo o camino de la geografía española,
con la seguridad del bien aposentarse y el aval de un grupo
como Mondial Assistance, en esta ocasión pensamos
que al valor de lo seguro hay que añadirle el buen
gusto. Esta edición de la guía quita el disfraz
a muchos y constituye un primer paso para que el viajero
se encuentre a gusto en un hotel con gusto. Pero no siempre
es así, lo sabemos. Trataremos de que en ediciones
venideras, además de buenos establecimientos, sean
una azagaya para la renovación del gusto del mismo
modo que nombres como Arzak, Subijana, Adriá, Berasategui
y Pepe Rodríguez Rey han protagonizado la renovación
del gusto culinario. Su talento es nuestro librillo del
maestrillo. Su trabajo es lo que, a partir de este momento,
nos toca apreciar y divulgar.
Buen provecho y mejor gusto para todos.
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